domingo, 19 de noviembre de 2017

Una realidad irregular = mas de lo mismo

Por Conexión Palo Al70

La verdad de la historia es que cuando me ponía a escribir el posteo/comentario de este partido, dude varias veces si no copiar y pegar el posteo del partido en San Juan, porque fue prácticamente lo mismo...
- Buen comienzo pero sin jugadas de peligro
- Penal en contra mal (MUY MAL) cobrado y gol contrario
- La nada misma de ahi al final

Por lo menos en San Juan, la realidad del viento Zonda, nos permitía entender algunas mermas, pero hoy que?

Hay que ser duro con este equipo?, con este presente? yo que se
Hay que ser comprensivos? tener paciencia? yo que se

Lo cierto es que Estudiantes, demostró una vez mas lo que le cuesta recuperarse de un golpe en contra, y si es a partir de un fallo injusto, peor, y ya a esta altura es mas un caso de psicólogo que un problema técnico...

Pero ademas, demostro que si hay algo que no sobra en este equipo es Inteligencia Futbolistica, se toman constantemente malas decisiones, juegan sin 9 y tiran centros, cuando esta el 9, juegan por abajo, juegan largo cuando hay que jugar corto y corto cuando hay que jugar largo...

También tenemos que sumarle los lesionados, ya a esta altura tema preocupante

A esto, le debemos que agregar, necesariamente la ausencia de un líder que se lleve al mundo por delante, lugar que hoy en dia, solo puede ocupar el Chapu, 

Todo esto, junto, dan como resultado un equipo irregular, que flota por la medianía de un campeonato bastante mediocre, y asi es como Estudiantes no levanta cabeza de forma definitiva.

Quedan de aca al final del año, 3 fechas muy complejas, y sera necesario replantearse muchas cosas para alcanzar un cierre de 2017 mas decoroso que la actualidad vigente...






jueves, 16 de noviembre de 2017

VERON, en una foto

Un cuento de Sacheri

Las cosas suceden separadas. Pero a veces se juntan. O seremos nosotros, los seres humanos, los que les asignamos significados a las cosas, y al hacerlo las vinculamos, las unimos. Y sucesos que nacen cada cual por su lado terminan unidos. ¿Qué es lo que los une? ¿Y por qué?
Les doy un ejemplo de cosas que nacen separadas. Un día de 1970, Juan Ramón Verón mete un gol en un clásico Estudiantes-Gimnasia. Otro día, de 1972, la revista El Gráfico publica una foto. Otro día, de 2006, un tipo cuelga un cuadro en una pared. Tres meses después, el mismo tipo, sentado, solo, en un departamento casi vacío, espera un milagro. Y el milagro es que todas esas cosas se conjuguen y adquieran un sentido. Un sentido para la vida de ese hombre que espera.

Volvamos al principio. El 27 de septiembre de 1970 Estudiantes y Gimnasia y Esgrima de La Plata juegan un interzonal por la cuarta fecha del Torneo Nacional. Lo gana Estudiantes 4 a 1, con cuatro goles de Juan Ramón La Bruja Verón. Unos días después, El Gráfico publica una fotografía de ese partido. En primer plano, Verón inicia la carrera y el grito de festejo. A sus espaldas (y también de espaldas a nosotros, que miramos), un Hugo Orlando Gatti de indumentaria clara yace vencido. Un poco más atrás, un jugador de Gimnasia (disculpen mi ignorancia de su nombre) observa la escena con las manos en la cintura, en el gesto de quien acaba de recibir un gol. No sé si sucede en todos los deportes, pero en el fútbol, las manos en la cintura es el modo digno y sereno de aguantar un gol del rival. Menos decoroso, pero aceptable, es encorvarse, apoyar los codos en los muslos y agarrarse la cabeza. Más bochornoso, en cambio, es increpar a los compañeros, con gestos y con gritos, mandándolos en cana delante de miles de personas. Pero no es el caso. Este defensor aguanta así, con las manos en la cintura, a que lo peor haya pasado. Pero no quiero irme del tema, que es la foto. O, más bien, el segundísimo plano de la foto. Allí en el fondo, cientos de hinchas de Estudiantes alzan los brazos y abren la boca vociferando el gol de Verón. 

El protagonista de esta historia tiene, en 1970, doce años. Y ha ido a la cancha con su padre. Y cuando esa revista El Gráfico cae en sus manos, se busca en el fondo. Le encantaría verse ahí, con su padre, gritando, inmortalizados los dos en las páginas de la revista que compra cada vez que puede. Pero lo aguarda una desilusión. Cuestiones de encuadre, o de espacio, lo cierto es que la foto no los muestra, ni a su padre ni a él. Están sus vecinos de tribuna, pero el marco de la foto los deja afuera, a su padre y a él. Y los años pasan, como siempre hacen los años. Son más de treinta los años que pasan. Ese chico que se buscó inútilmente en la foto de Verón acaba de separarse de su mujer. Como para casi todos los padres, separarse de su mujer es, también, separarse un poco de los hijos. De su hija, en este caso. Por supuesto que la verá todo lo que pueda. La acompañará todo lo que la vida lo deje acompañarla. Pero desde más lejos. No desde todas las noches y todas las mañanas, que es como a los padres nos gusta acompañar a los hijos. A muchos padres, por lo menos. El protagonista de esta historia, el chico de 1970, es ese tipo de padre. De los que quieren estar. Y separarse le va a complicar, le va a reducir, el estar. Y por eso se siente triste y derrotado. No se sentirá así para siempre. Pero así se siente mientras busca dónde vivir, mientras alquila un departamento en la zona del Botánico, mientras piensa cómo ocupar tantas paredes vacías.
El chico de 1970, convertido en el hombre de 2006, construye unas cuantas bibliotecas con listones de madera, porque tiene muchos libros consigo. Muchos libros y muchas revistas. Por las noches, para matar esas horas de soledad, esa tristeza de departamento vacío en la zona del Botánico, abre las cajas de la mudanza y ordena los libros. Y cuando termina con los libros, empieza a ordenar las revistas. Algunas las tiene desde que era chico. Muchas las compró después, en grandes paquetes, en el Parque Rivadavia.

Por curiosidad, por prolongar un poco el acto de ordenarlas y llenar mejor la noche, o porque muchas de esas revistas no las leyó nunca, las hojea antes de apilarlas en los estantes de madera nueva. Y ahí, de repente, aparece la foto de Verón. A veces las cosas regresan como fueron. A veces no. Regresan ligeramente modificadas. Y este es el caso de la foto. No es el mismo número de El Gráfico que el hombre leyó cuando era chico. Es otro número de la revista, un par de años posterior, pero la foto es la misma. O casi. Verón sigue gritando el gol e iniciando su carrera. Gatti sigue derrumbado en el pasto. El defensor sigue resignado con las manos en la cintura. Pero algo ha cambiado. Porque el espacio que tenía el diagramador, en este otro número de la revista era mayor, y los márgenes de la foto son más amplios.
Treinta y seis años después, el chico repite el gesto de buscarse. Pasa el dedo por la foto, adivinando por detrás del grano desvaído de la imagen. Y de repente se encuentra. En el ángulo superior derecho de la foto, ahí está él, treinta y seis años antes, con un buzo oscuro encima de una remera clara, con la boca muy abierta. Y un par de escalones más abajos, está el señor de frente ancha que fue su padre. Extraño modo de retornar, el de ese hombre que ha muerto no hace mucho. El epígrafe de la foto habla de milagros. De los milagros de Verón, habla el epígrafe. Y el hombre que muchos años después mira esa foto llora. Llora con la imagen de su padre y de él. Llora por la casualidad improbable de esa segunda oportunidad, de esa repetición levemente diferente de la foto, que ahora los incluye, a él y a su padre. Llora por lo que ha perdido, mientras observa esa foto que rememora una tarde de victoria. Y llora, tal vez, por todas las veces que le ha tocado perder. Uno nunca llora por una sola cosa, cada vez que llora.

Esta columna podría terminar acá, con ese hombre sentado en el piso de un departamento semivacío en la zona del Botánico, que llora y mientras llora se limpia, y mientras se limpia se cura algunas heridas. Pero no termina porque a veces, en la vida, las cosas tienden a juntarse, en eso que damos en llamar milagros. 
Al día siguiente, el hombre amplía la foto y la lleva a enmarcar. Después cuelga ese cuadro en una pared del living. Mientras se aleja un poco para observar si el cuadro quedó derecho, el tipo piensa que esos no son días demasiado felices. No sólo por las cosas que a él le están pasando. Tampoco lo son para Estudiantes de La Plata. El Cholo Simeone es el director técnico. Y Juan Sebastián Verón acaba de volver de Europa a jugar en el Pincha. Y después de un comienzo prometedor, con tres victorias, las cosas han comenzado a torcerse. Derrota con Belgrano, derrota con Boca, empate con Banfield, derrota con Central. Un punto de doce, y las dudas y los ceños fruncidos. Por supuesto que una cosa son los dolores de la vida y otra los dolores del fútbol. Pero cuando se juntan duelen más que la suma de sus partes.

Antes de que comience el siguiente partido, el hombre se acerca al cuadro y besa la foto. Y Estudiantes le gana a Independiente con goles de Calderón y Alayes. Con el pitazo final, el hombre se levanta de su sillón, va hacia la pared y vuelve a besar la foto, como dando las gracias, o como diciendo “hasta la próxima”. Acaba de nacerle una esperanza. Y en las fechas siguientes, Estudiantes le gana a San Lorenzo, a Lanús y a Gimnasia. Y después le gana a Godoy Cruz, a Chicago y a Vélez. Y siguen los besos a esa foto en la que Juan Ramón Verón, y ese padre y ese pibe festejan el gol con toda la boca. Y vienen tres victorias más contra River, Newells y Racing. Y de repente faltan dos fechas y están a cuatro puntos de Boca, que es el puntero. 

Como esta historia tiene su épica, y la épica se nutre de las malas, en la fecha 18 todo parece irse al mismísimo demonio. Porque en La Paternal, el Pincha apenas empata con Argentinos. Pero Boca, ese mismo día, pierde con Belgrano, y deja abierta una chance. Tres puntos de distancia con tres en juego. Y en la última, el Pincha le gana a Arsenal y Boca pierde con Lanús. 

Y el 13 de diciembre de 2006 se juega el desempate. Y por supuesto, antes de sentarse frente al televisor, en ese departamento alquilado de la zona del Botánico, el hombre besa la foto en la que grita con Verón y con su padre. Y el Pincha arranca perdiendo, hasta que lo empata Sosa y lo da vuelta Pavone. Y Estudiantes de La Plata, después de veintitrés años, es otra vez campeón del fútbol argentino.
¿Existen los milagros? ¿O somos las personas, a fuerza de ingenua credulidad, quienes los construimos? No tengo una respuesta concluyente. Pero me gusta pensar en la imagen de ese hombre que, después de ver a su equipo, por fin, salir otra vez campeón, se incorpora, se seca las lágrimas, sonríe, descuelga una foto de la pared y le pega un intenso, un prolongado, un gigantesco abrazo de gol.

domingo, 5 de noviembre de 2017

Brañador

Por Leobar

Por fin se volvió al triunfo. 

Y se volvió al triunfo en base a entrega y al clásico planteo de 4-4-2 que tanto pedíamos.  Luego del retroceso que produjo la derrota en San Juan, Estudiantes estaba frente a la posibilidad de acomodarse y ganar. No era tan fácil enfrentar a AAAj, ya que venía acumulando 5 partidos sin perder y había remontado un 0-2 la última fecha. Y lo ganó con cierta autoridad. Sin sobrarle nada, por supuesto. Pero sin peligrar el resultado luego de ponerse en ventaja.

Dos tiempos distintos,

La primera etapa fue un partido muy friccionado, luchado y trabado. Con una leve superioridad de Estudiantes sin llegar a concretarlo en el arco de enfrente.

En el segundo tiempo se vió la mejor cara de este equipo. El gol que llegó en el arranque le dio tranquilidad para que el Pincha fuera protagonista. Estudiantes abre el partido con una Pelota Parada, lo que mas nos gusta y le disgusta al resto. Un tiro libre desde la derecha ejecutado por Zuqui, deja a Shunke de frente al arco para cabecear y marcar el único gol del partido. Pudo haber ampliado el Pincha en esos primeros minutos del 2do tiempo, pero algunas malas decisiones a la hora de definir no permitieron que ampliáramos el marcador.

La segunda parte del partido mostró una leve mejoría de este ciclo. No es para sacar pecho, pero si para remarcarla. Sigue estando lejos del nivel esperado. Esperemos que aunque sea muy lenta, la mejoría siga creciendo. Queda en deuda la generación de juego y decidir mejor en las definiciones cerca del área.

Es de destacar la enorme tarea de Rodrigo Braña. Figura indiscutible. Es el que marca el camino. Siempre esta donde tiene que estar para quitar, para incomodar la generación de juego rival y hasta para mostrarse como salida. Emociona y contagia a cualquiera. Un ganador con todas las letras…


Hermoso este fin de semana…Hermoso regalo de Cumpleaños del Pincha al Magno, al gran Alejandro Sabella.






sábado, 28 de octubre de 2017

El Zonda nos Pincho

Por Leobar

Es increible pensar que Andujar prácticamente no tocó la pelota y perdimos 1 a 0. Es lógico pensar que casi no pateamos al arco si no jugamos con un 9 de área. Pero tambíen es cierto que Estudiantes no genera juego. Tampoco se hace peligroso tirando centros; en primer lugar porque no hay una referencia de área, y por otro lado no tenemos un jugador que desborde y tire centros peligrosos en ambas bandas (salvo Dubarbier en algunos casos).

En el primer tiempo cuando recuperabamos la pelota o saliamos jugando del fondo, San Martín de San Juan apretaba un poquito y tirábamos pelotazos, en el mejor de los casos, para dividirla de mitad de cancha para adelante. Y vuelta a empezar para recuperarla. A los 15’ de un lateral a favor de SMSJ, Schunke retrocede de espaldas al arco se choca con el delantero local, e increiblemente Lamolina cobra un insolito penal. Insólito porque no solo que no fué falta, sino que la supuesta infracción se produjo fuera del área. Ardente convierte el 1-0, que terminó siendo el resultado definitivo.

En la segunda etapa, lógicamente y con la necesidad de ir a buscar el resultado, Estudiantes obtuvo algo mas de protagonismo pero sin tener profundidad en los últimos metros. SMSJ solo pensaba en que corra el tiempo, cuidar el resultado y las energías. El mayor desgaste estaba ahora en la responsabilidad de Estudiantes y los 37° que traía el zonda lo hacía aun mas dificil. 

La entrada de Pavone complicó un poco mas a la defensa rival, aún recibiendo de espaldas. Pavone siempre obliga, en cualquier esquema. La Gata ausente en todo el partido, Otero no resolvió nada bien y los dos 5 fueron lo mejorcito de la tarde sin haber brillado. 

Los cambios nos parecieron algo tardíos, teniendo en cuenta el bajo rendimiento de algunos jugadores, y fundamentalmente por el calor reinante.

Muy flojo partido de Estudiantes. No fué un desastre (como se escuchó por ahí). Perdió por un penal mal cobrado. Pero se está transformando en un equipo previsible frente a rivales que le regala terreno.  

El esquema 4-4-2 parece ser lo que mas comodo hace sentir a este equipo. Pero debe ser mas elástico ante las necesidades de cada partido

Debe ser el peor arranque de torneo en mucho tiempo. 8 puntos sobre 21.  A laburar...


sábado, 14 de octubre de 2017

El punto estaba en el banco

Por Leobar

Nuestro equipo, en proceso de reorganización, enfrentaba al durísimo Banfield de Falcioni, con la oportunidad de afirmar la confianza que le otorgó el triunfo ante Temperley

Estudiantes fue un poco mas en el primer tiempo . Gastón Fernandez se mostró algo movedizo, siendo el principal socio de Rodríguez. Si bien Tití desequilibró en algunas jugadas, tuvo malas decisiones a la hora de definir. Tres situaciones claras en sus piés, pudieron haber abierto el marcador o bien a posteriori del gol del Taladro, empatar ese primer tiempo. 

Luego de una jugada que no se pudo definir cerca del área rival, termina con el gol de Mouche tras una rápida contra. Hasta ahí parecíamos un equipo concentrado en todas las líneas pero que fallaba en la definición.

Con el segundo tiempo arrancando en desventaja, Estudiantes pareció mas decidido a ir a buscar el resultado. Pero se chocaba con un Banfield ordenado y decidido a cortar todo circuito de juego, a tal punto que casi no aparecieron ni la Gata Fernandez ni Titi Rodriguez. Los laterales no sorprendían, Otero seguía en su intrascendencia y casi se diluían las esperanzas de lograr el empate. 

Hasta que un centro de Facundo Sanchez permite anticiparse a Lugüercio para meter un cabezazo cruzado y lograr el empate definitivo. 

Un empate que invita a seguir buscando variantes para ser un equipo sólido e imprevisible. De eso se trata el trabajo. 

En el final, dejamos unas líneas de lo que fue la última Asamblea de la CD que ganó las elecciones por mas del 70%  de los votos en  el año 2014. La misma fué realizada en el Country Club de Citibell, donde se trataron las órdenes del dia consistentes en la presentación de la Memoria y Balance del último período,  una evaluación de la gestión que finalizaba y la presentación de un nuevo período para Juan Sebastián Verón al frente de nuestra Institución con algunas bajas y otras altas para la nueva conducción. 

Los números son altamente alentadores desde la reducción de las deudas, aumento del resultado positivo del período, ordenamiento del Colegio que de pasar deberles sueldos a los docentes pasa a tener superávit por segundo año consecutivo. Solo un nro de muestra, 310 Millones de Pesos de Superávit, record en la historia de la institución.

JSV agradeció el apoyo de quienes lo acompañaron, y deslizó que con el compromiso de todos, seremos un club de vanguardia y uno de los mejores clubes de la Argentina. 

Felicitaciones por el primer período y muchos éxitos para la segunda etapa. 



Importante, a esta hora, en el continente Europeo alguien esta celebrando los 11 años del 7 a 0